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Expediciones 4x4 y programas de ascenso al  volcán Socompa

 

Relato:

El Socompa comienza a despertar

Como casi siempre en un ascenso hacia lo más alto de una montaña, al mirar hacia arriba luego de llegar a un filo, tiene uno la esperanza de alcanzar la cumbre de lo que se ha propuesto desde el primer paso allá abajo en la base.

Ésta vez fue diferente, luego de 4 horas de superar espolones rocosos de basalto y sectores de acarreo, con el aliento complicado con los 6.000 mts. de altura sobre el nivel del mar, veo una fumarola de humo gris que el escaso viento permitía tomar cuerpo y elevarse justo delate mío.

Una nube atorada en el cráter superior del volcán Socompa no podía ser ya que el cielo estaba límpido y tan azul que parecía pintado.

Mi compañero de ataque a la cumbre, el austriaco guía de los Alpes Bernard levantando polvo tampoco podía ser ya que luego del vivac habíamos decidido separarnos para llegar al mismo objetivo pero por distintas rutas.

Estimo que éste balance de posibilidades pudo haber durado unos pocos segundos mientras me incorporaba al llegar al cráter sin sacar la vista al misterioso evento. Digo misterioso por que la idea de encontrar actividad geológica  en éste volcán y a ésa altura no estaba en mis planes, a pesar de haber escuchado comentarios por parte de guías de montaña chilenos que en la base del mismo en el sector transandino hubo alguna evidencia.

Fui directo a la fuente, siguiendo la columna blanca que por momentos desaparecía con las ráfagas de viento que normalmente soplan y que rara vez hay una calma tal como ése día.

Fuera de la superficie plana del cráter relleno por sedimentos, más bien en una peligrosa pendiente hacia el lado chileno encuentro un hueco de unos 75 cms. de largo por unos 50 cms. de ancho por el que dejaba salir el humo blanco.

Me asomo con mucha prudencia y veo un pozo de unos 2 metros de profundidad con una contextura muy irregular interna, a tal punto que los bordes del hueco estaban frágilmente sostenidos y la dimensión del mismo superaba el aspecto externo en la superficie.

Siempre disentí con aquellas personas que hablan del mar como la expresión de la naturaleza con vida y movimiento en contraposición de la estática esencia de las montañas.

En ése momento estaba sintiendo el aliento de las entrañas de la tierra a seis mil metros de altura. Podía escuchar claramente el ronquido disfónico del volcán en cada bocanada de vapor de agua mientras empañaba mis gafas de sol al intentar mirar hacia el interior.

Un poco bajo la euforia de haberlo encontrado y otro poco comprendiendo que estaba en la cadena volcánica más activa de la cordillera de Los Andes, entonces deduje entre mis paupérrimos conocimientos geológicos que el Socompa estaba despertando.

Ya la cumbre no era tan importante a pesar de estar a solo 40 metros de ella, la emoción de haber sentido el aliento de la montaña era superior a muchas cosas que había vivido.

Hasta ése instante, la noche de vivac que pasamos en el filo, a 5.500 mts- antes del ataque fue mágica, la cruz del sur parecía un puñal a punto de caer en mi bolsa de dormir, y la silueta del Llullaillaco al amanecer era como el padre de los gigantes volcanes sin darle derecho a ninguno otro de acaparar su atención en los dominios del límite altiplano – desierto de Atacama.

Luego del ritual de rigor el la apacheta de la cota máxima, escribiendo libro de cumbre y haciendo la ofrenda a la pachamama, descendimos en 5 horas lo que nos había tomado casi dos días subir, y regresamos a las instalaciones de Gendarmería Nacional Argentina donde nos recibieron con una hospitalidad excepcional. 26 de marzo de 2003.

 

 

Investigación cientifica sobre el hundimiento de los volcánes, específicamente del SOCOMPA